El Hospital Hospital Presidente Perón de Avellaneda concretó un hito al realizar uno de los primeros procedimientos de Revascularización Carotídea Transcervical con inversión dinámica de flujo (TCAR) en la Argentina y el primero dentro del ámbito público provincial. La intervención marca un paso relevante en la incorporación de tecnología de alta complejidad en la red sanitaria bonaerense, con impacto directo en la prevención del accidente cerebrovascular (ACV).
La práctica se llevó adelante a partir de un trabajo conjunto entre el Servicio de Cirugía Cardiovascular, a cargo del doctor Alejandro Trainini, y el Servicio de Hemodinamia, dirigido por Martín Rodrigo.
La paciente intervenida fue una mujer de 68 años, jubilada y vecina de Wilde, con antecedentes de hipertensión arterial, colesterol elevado y tabaquismo, factores que la ubicaban dentro de un grupo de riesgo para enfermedades vasculares.
Para dimensionar la relevancia del procedimiento, es necesario entender qué ocurre cuando las arterias carótidas -responsables de llevar sangre al cerebro- comienzan a obstruirse. Ese estrechamiento, frecuente en personas mayores o con antecedentes clínicos, puede derivar en un ACV, una de las principales causas de muerte y discapacidad.
“Hasta ahora, las alternativas disponibles en estos casos eran dos, tratándose de la intervención endovascular, que se realiza en una sala de hemodinamia con colocación de stent, o la cirugía abierta, que implica una incisión para retirar la placa de grasa que bloquea la arteria”, según explicó Fabián Marcelo Crespo, director ejecutivo del hospital, en diálogo con Buenos Aires/12.
Por esta razón, recurrieron al nuevo procedimiento que se llama TCAR, su sigla por nombre en inglés Transcarotid artery revascularization, que se traduce Revascularización arterial transcarotidea. “Muchas veces, sobre todo en pacientes añosos, las arterias carótidas se suelen, pueden taparse y esto puede llegar a causar un accidente cerebrovascular”, explica Crespo destacando la importancia del procedimiento.
Uno de los riesgos más relevantes de las técnicas tradicionales aparece durante la propia intervención. “Algún pedacito de esta grasita a lo mejor se desprende y viaja, y se va hacia el cerebro”, describió Crespo, en referencia a la posibilidad de que fragmentos de placa generen una embolia cerebral.
Un cambio sustancial en las intervenciones
La técnica TCAR introduce un cambio sustancial en ese punto. En lugar de permitir que la sangre fluya hacia el cerebro durante la cirugía, el procedimiento invierte temporalmente su dirección. “Se coloca dentro de la arteria carótida con un catéter, y este lo que hace es como aspirar la sangre, luego pasa por un filtro y después vuelve al cuerpo del paciente a través de una vena de la pierna”, precisó. De este modo, cualquier partícula que pudiera desprenderse queda atrapada en el sistema antes de llegar al cerebro y causar daño.
Esa modificación reduce de manera significativa el riesgo de ACV durante la intervención y, al mismo tiempo, disminuye otras complicaciones, de acuerdo a lo explicado por el director. Al tratarse de una técnica menos invasiva, también implica menor agresión quirúrgica y menor impacto sobre el organismo. “Esta es una cirugía mucho menos invasiva que la convencional, y esto hace que en los pacientes disminuya la posibilidad de complicaciones postoperatorias”, sostuvo el director.
Los tiempos de recuperación son otro de los aspectos destacados. Según detalló, la paciente fue operada a las 10 de la mañana y recibió el alta a las 7 del día siguiente. La duración del procedimiento, en tanto, ronda entre los 40 minutos y una hora cuando es realizado por equipos entrenados.
El alcance de esta técnica no se limita a un perfil específico. Si bien resulta especialmente beneficiosa para pacientes con múltiples factores de riesgo, amplía las posibilidades de tratamiento en general. “Esto es muy bueno para los pacientes, para todo tipo de pacientes, pero sobre todo en aquellos que tienen mayores factores de riesgo”, indicó Crespo.
En ese punto, el TCAR no solo mejora la seguridad del procedimiento, sino que también permite abordar casos que antes presentaban mayores dificultades o riesgos. Personas mayores, con antecedentes de cirugías o tratamientos previos en el cuello, encuentran en esta técnica una alternativa más accesible.




